
Amalia
Diagnosticada a la edad de 42, sobreviviente por 11 años
Consejera de al línea de apoyo
Amalia llegó a Estados Unidos a la edad de siete años cuando su familia emigró de México a Chicago. Ella era una buena estudiante, brillante y motivada, pero no hablaba Inglés. Ella recuerda cuando estaba sentada en su clase de segundo grado, mirando los problemas de matemáticas en la pizarra, sintiéndose frustrada porque ella sabía las respuestas, pero no podía encontrar las palabras para responder en inglés.
Muchos años después cuando ella había aprendido inglés, asistido a la Universidad, se casó y obtuvo una carrera, ella volvió a sentir esa sensación de aislamiento de nuevo. Esta vez, llegó después de su diagnóstico de cáncer de mama en el año 2000 a la edad de 42 años.
"¿Cómo nos afecta el cáncer usted? Nos deja muertas en nuestra pista," dice Amalia. "Después de mi diagnóstico, recuerdo el sentir que yo estaba viviendo en un universo paralelo. Había un muro de vidrio que me separaba del resto del mundo. Veía a la gente del otro lado que continuaban viviendo su vida normal, pero yo estaba sola. Podían verme, pero yo no formaba parte de ese mundo. Tuve que tomar la decisión de recuperar el control de mi vida."
Amalia había seguido las indicaciones para la detección temprana de ese tiempo, haciéndose mamografías anuales comenzando cuando ella tenía 39 años. Después de la tercera mamografía, ella notó un engrosamiento en su pecho, pero su médico le dijo no se preocupara. Era joven y su mamograma había sido normal. Ella no estaba sintiéndose bien, por lo que unos meses más tarde, el médico ordenó una cuarta mamografía. Ésta también salió normal. Amalia siguió buscando más opiniones médicas. Ella consulto a un cirujano que le dijo no se preocupara, pero Amalia persistió, viendo a un segundo cirujano el cual accedió a hacer una biopsia en su oficina.
"Vi la mirada en la cara de la enfermera. Casi estaba por llorar y entonces supe que era cáncer. Mi primer pensamiento fue, 'así, que no estoy loca en pensar que tenia algo."
Amalia tenía un tumor de 4 centímetros que no había sido detectado en sus mamografías. Ella podía sentir la protuberancia en los ganglios linfáticos debajo del brazo. Diez de los 12 nódulos removidos por el cirujano fueron positivas para cáncer. Su tratamiento fue agresivo y consistió de una mastectomía, quimioterapia, radiación y reconstrucción.
Fue su sensación de aislamiento lo que la motivó a llamar Y ME la primera vez. Ella no llamó enseguida, pero cuando finalmente se decidió a llamar la línea de apoyo, encontró la información y apoyo - y se sintió como parte de una comunidad – que hizo toda la diferencia para ella. Una vez finalizado su tratamiento, Amalia quería volver a trabajar. Ella aceptó una posición como una consejera de Y-ME, ofreciendo ayuda en la línea de apoyo en inglés y español.
"He aprendido mucho desde mi diagnóstico de cáncer," dice. "He dejado de ser perfeccionista para todo. He aprendido mejor a cruzar cada puente así como me aproximo a ellos. Sobre todo, he aprendido que ayudando a otras personas me ayudo a mí misma. Eso es lo que hace la línea de apoyo de Y-ME."
"El cáncer es realmente un peleón que trata de asustar y intimidar a cualquiera. Solamente juntos podemos vencerlo. Todos tenemos el poder de elegir que papel vamos a tomar en nuestra lucha contra el cáncer de mama. Yo no sería quien soy hoy si no había enfrentado los desafíos del cáncer de mama."
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