Pregúntele al médico
P: ¿Qué puedo cambiar hoy en mi dieta y cómo puedo, a partir de esos cambios, conseguir una alimentación sana?”
Trulie Ankerberg-Nobis, M.D., R.D., L.D., explica que el mantenimiento de un peso corporal saludable es importante
para reducir el riesgo de cáncer de mama en
mujeres posmenopáusicas. Los estudios realizados también indican que cuanto mayor
sea el peso de una mujer, más riesgo hay de que
reaparezca el cáncer de mama, de que sea más
agresivo y de que su pronóstico sea peor.
"Tener un peso saludable es un paso en la dirección adecuada,” señala Ankerberg-Nobis, “pero no lo es todo. Tus hábitos de alimentación también son importantes. Es fundamental prestar atención al contenido de grasas de la dieta, ya que los estudios muestran que en las mujeres que le diagnostican con un determinado tipo de cáncer de mama, el riesgo de morir por esta enfermedad aumenta un 40 por ciento por cada 1,000 gramos de grasa que consuman en un mes.”
Mil gramos de grasa quizá parezca mucho, pero si piensas
que media cucharadita de mantequilla de cacahuate o de
aceite vegetal equivale a cinco gramos de grasa, es muy
fácil ver cómo aumentan rápidamente los gramos en una
dieta estadounidense típica. Para las personas que comen
carne, el panorama es aún peor: según Ankerberg-Nobis, la
carne de res con menos grasa tiene un 29 por ciento de
grasa e incluso el pollo tiene alrededor de un 23 por ciento. Sin embargo, el brócoli tiene un 8 por ciento de grasa, y las
frutas y los cereales integrales, un 4 por cientoaproximadamente. Además, las frutas y las verduras
contienen sustancias químicas que ayudan a combatir el
cáncer y que no se encuentran en los productos de origen
animal, como el beta-caroteno y los antioxidantes.
Esto hace que el objetivo sea mantener el peso a través de una dieta baja en grasas, reduciendo la cantidad de productos de origen animal e incrementando los de origen vegetal. “Según mi experiencia, muchas personas a las que se les diagnostica una enfermedad grave están dispuestas a adquirir unos hábitos alimentarios totalmente nuevos,” apunta Ankerberg-Nobis. “Pero si aún no estás lista para hacer un cambio drástico, también puedes dar pasos importantes hacia el objetivo de eliminar las grasas que estás acostumbrada a comer.”
Por ejemplo, si tienes costumbre de cocinar, puedes usar aceite en spray o añadir un poco de caldo a tus platos para darles sabor sin añadir mucha grasa. Si disfrutas comiendo una buena ensalada, utiliza aderezos ligeros o sin grasas, que no contengan mucha azúcar. Y si tienes pollo para cenar, prueba a reducir una ración de tres onzas (unos 85 gramos) a la mitad y completa tu cena con más frutas y verduras.
A las personas que basan su alimentación en alimentos precocinados, Ankerberg-Nobis les sugiere comprar frutas y verduras frescas ya cortadas en el supermercado. Las puedes llevar a cualquier sitio y comerlas siempre que tengas hambre, evitando así comprarte una bolsa de papas fritas.
Ankerberg-Nobis, que ha dado clases de cocina para el Cancer Project, sugiere también que las personas que intenten seguir por su cuenta una dieta básicamente vegetariana recurran a las sopas y a los potajes cuando deseen una comida más sustanciosa. Las legumbres que contiene este tipo de platos proporcionan abundante fibra, que ayuda a eliminar el exceso de estrógenos que pueden alimentar el cáncer de mama.
Es importante señalar también que el consumo de alcohol es un factor de riesgo adicional para el cáncer de mama.“Las mujeres que no beban alcohol no deberían empezar a hacerlo, especialmente si tienen antecedentes de cáncer de mama en la familia o si tienen sobrepeso,” advierte Ankerberg-Nobis. “El alcohol daña el hígado, donde se metabolizan muchas hormonas. Esto supone un problema en el caso de los cánceres que se ‘alimentan’ de estrógenos.” A las personas que beben alcohol, Ankerberg-Nobis les propone limitar su ingesta a una vez al mes o sólo en ocasiones muy especiales.
Las mismas recomendaciones y reglas de alimentación son
válidas para los hombres que le han diagnosticado con cáncer de mama. “Considera a tu familia como un sistema de apoyo cuando decidas realizar cambios positivos en la alimentación, ya que su participación será importante para que alcances el éxito,” anima Ankerberg-Nobis. “Y recuerda que estos cambios no sólo son convenientes para sobrevivientes, sino para todo el mundo. Toda tu familia
puede beneficiarse si deciden cambiar también sus hábitos
de alimentación.”
FUENTES:
Trulie Ankerberg-Nobis, Maestra en Ciencias,
Nutrióloga certificada y autorizada
www.atlantanutrition.com
Más información acerca de Trulie: Ankerberg-Nobis trabajó para el Comité Médico de Medicina Responsable en Washington D.C., como coordinadora de investigaciones clínicas para el libro
Dr. Neal Barnard’s Program for Reversing Diabetes. Trulie también dio clases de cocina y
nutrición en el Cancer Project que incluye vínculos a una gran variedad de recetas.
www.med.umich.edu/1libr/aha/aha_exchlisa_crs.htm
www.cancer.org
